El caos
Es un vacío que corresponde a nada, es un virtual que contiene todas las partículas posibles provocando todas las formas posibles que surjan, para así hacerlas desaparecer enseguida, sin consistencia ni referencia, sin consecuencia.
Gilles Lipovetsky: 'La gente común no halla ya la felicidad en el súper, por eso escribe o hace fotos'
Gilles Lipovetsky:
'La gente común no halla ya la felicidad en el súper, por eso escribe o hace fotos'
'El capitalismo ha permitido al arte entrar en la vida cotidiana y liberarse de su encierro en museos'
'El arte ha perdido su identidad sólida'
'El espectador se pregunta si es pura provocación, una broma o una genialidad'
'La competitividad hará el trabajo difícil. Para buscar el equilibrio, la creación debe ser prioritaria'
Fuente
La máquina.
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Creo (en) un mundo mejor.
El hombre es, básicamente, imaginación, imaginación creadora, imaginación que es un flujo incesante, un despliegue de formas, figuras nuevas, que pueden hacer surgir lo que no es real. Por cierto que la imaginación comporta también un aspecto ensídico, la imaginación creadora de un poema, por ejemplo, debe instrumentalizarse en un código para poder decir lo que tiene que decir, pero de ninguna manera se agota en ese código. El psiquismo humano entonces puede aprehender la realidad magmática, porque su lógica también es la de los magmas. No se trata de una estructura cerrada en sí misma, atemporal, condenada a repetir siempre lo mismo, sino una facultad que puede también romper su propio cerco para configurar formas nuevas hasta entonces impensadas.
El capitalismo «cultural» y las nuevas formas de comunicación
Si la comunicación no puede desvincularse de las sociedades y de la cultura (no pueden existir la una sin la otra), resulta imprescindible responder a la siguiente cuestión: ¿qué sucederá, entonces, cuando todas las formas de comunicación se mercantilicen y la cultura, la materia de la comunicación, se convierta también, inevitable y definitivamente, en una mercancía?
Gilles Deleuze: Pensar, crear, resistir
"Una ecuación bipartita recorre toda la obra de Deleuze: "pensar es crear" y "crear es resistir". El pensamiento es creación, y ello en un doble sentido: por un lado, según sus modalidades (arte, filosofía, ciencia) y los medios específicos de cada una, crea, respectivamente, sensaciones, conceptos y funciones; por otro, más profundamente, esa creación es, en un mismo movimiento, creación de nuevas posibilidades de vida. Este pensamiento de la creatividad no deja de ser "nuevo" en filosofía (lo nuevo sigue siendo siempre nuevo: las fuerzas que solicita en el pensamiento no son las del reconocimiento)... Si toda filosofía genuina era ya, en su actividad, creativa, un cambio radical de orientación marca su auténtica revolución copernicana, ese "filum" que atraviesa las denominaciones de escuela y caracteriza la imagen moderna del pensamiento: no se trata ya de pensar lo Eterno (la Verdad, las esencias, los universales), sino las condiciones que permiten una producción subjetiva de novedad, es decir, la creación (lo interesante, lo nuevo, el acontecimiento)."
Prefacio de Michel Foucault a la edición estadounidense de El Anti-Edipo
Traducción:
Federico Yamamoto
Durante los años 1945-1965 (me estoy refiriendo a Europa), había una forma determinada de pensar correctamente, un estilo de discurso político determinado, y una ética del intelectual determinada. Uno tenía que estar familiarizado con Marx, y no dejar que los propios sueños se aparten demasiado de Freud. Y uno debía tratar los sistemas de signos –el significante– con el mayor de los respetos. Estos eran los tres requisitos que hacían aceptable la extraña ocupación de escribir y enunciar una cuota de verdad sobre uno mismo y sobre su tiempo.
Luego vinieron los breves, apasionados, jubilosos y enigmáticos cinco años. A las puertas de nuestro mundo, allí estaba Vietnam, por supuesto, y el primer gran golpe a los poderes establecidos. Pero aquí, al interior de nuestros muros, ¿qué era exactamente lo que estaba ocurriendo? ¿Una amalgama de políticas revolucionarias y antirrepresivas? ¿Una guerra librada en dos frentes: contra la explotación social y la represión psíquica? ¿Una oleada de libido modulada por la lucha de clases? Tal vez. En cualquier caso, fue esta interpretación dualística tan familiar la que se arrogó los eventos de aquellos años. El sueño que, entre la Primera Guerra Mundial y el fascismo, lanzó su hechizo sobre las partes más soñadoras de Europa –la Alemania de Wilhelm Reich, y la Francia de los surrealistas– había vuelto y prendido fuego la realidad misma: Marx y Freud en la misma luz incandescente.
¿Pero, fue realmente eso lo que ocurrió? ¿Se retomó el proyecto utópico de los treinta, esta vez a nivel de la práctica histórica? ¿O hubo, por el contrario, un movimiento hacia luchas políticas que ya no se conformaban al modelo prescrito por la tradición marxista? Hacia una experiencia y una tecnología del deseo que ya no eran freudianas. Es verdad que se levantaron las viejas pancartas, pero el combate viró y se expandió hacia nuevas zonas.
El Anti-Edipo muestra, primero que todo, cuánto terreno ha sido cubierto. Pero hace mucho más que eso. No pierde tiempo desacreditando viejos ídolos, aunque sí se divierte mucho con Freud. Lo más importante, nos motiva a ir más lejos.
Sería un error leer El Anti-Edipo como la nueva referencia teórica (ustedes saben, esa tan anunciada teoría que finalmente abarca todo, que por fin totaliza y nos devuelve la confianza, aquella que nos han dicho “necesitamos desesperadamente” en nuestros tiempos de dispersión y especialización en los que falta la “esperanza”). Uno no debe buscar una “filosofía” entre la extraordinaria profusión de nociones nuevas y conceptos sorpresa: El Anti-Edipo no es un Hegel relumbrón. Creo que El Anti-Edipo puede ser leído mejor como un “arte,” en el sentido implicado, por ejemplo, en el término “arte erótico.” Informado por las nociones aparentemente abstractas de multiplicidades, flujos, arreglos, conexiones, el análisis de la relación del deseo con la realidad y con la “máquina” capitalista brinda respuestas a preguntas concretas. Preguntas que no tienen tanto que ver con por qué esto o aquello, sino con cómo proceder. ¿Cómo introducir el deseo en el pensamiento, en el discurso, en la acción? ¿Cómo el deseo puede y debe desarrollar sus fuerzas dentro del dominio político y crecer en intensidad en el proceso de desbaratar el orden establecido? Ars erotica, ars theoretica, ars politica.
De ahí los tres adversarios afrontados por El Anti-Edipo. Tres adversarios que no tienen la misma fuerza, que representan grados distintos de peligro, y que el libro combate de maneras diferentes:
(1) Los ascetas políticos, los militantes tristes, los terroristas de la teoría, aquellos que quieren preservar el orden puro de la política y del discurso político. Burócratas de la revolución y funcionarios civiles de La Verdad.
(2) Los pobres técnicos del deseo—psicoanalistas y semiólogos de cada signo y síntoma—que quieren subyugar la multiplicidad del deseo a la ley doble de estructura y carencia.
(3) Por último pero no menos importante, el gran enemigo, el adversario estratégico es el fascismo (mientras que la oposición de El Anti-Edipo a los anteriores es más bien un compromiso táctico). Y no solamente el fascismo histórico, el fascismo de Hitler y Mussolini—que fue capaz de movilizar y utilizar tan efectivamente el deseo de las masas—sino también el fascismo en todos nosotros, en nuestra cabeza y en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace amar al poder, desear aquello mismo que nos domina y nos explota.
Diría que El Anti-Edipo (y sus autores me perdonarán) es un libro de ética, el primer libro de ética escrito en Francia en mucho tiempo (tal vez eso explique por qué su éxito no estuvo limitado a una “audiencia” particular: ser anti-edípico se ha convertido en un estilo de vida, una manera de pensar y de vivir). ¿Cómo evitar ser fascista, aun (especialmente) cuando uno cree ser un militante revolucionario? ¿Cómo librar nuestros dichos y nuestros actos, nuestros corazones y nuestros placeres, del fascismo? ¿Cómo revelar y poner en evidencia el fascismo arraigado en nuestra conducta? Los moralistas cristianos buscaban las huellas de la carne alojadas en lo más profundo del alma. Deleuze y Guattari, por su parte, persiguen los rastros más tenues de fascismo en el cuerpo.
Ofreciendo un modesto tributo a San Francisco de Sales**, uno podría decir que El Anti-Edipo es una Introducción a la Vida No-Fascista.
Este arte de vivir contra toda forma de fascismo, ya sea actual o inminente, conlleva cierto número de principios esenciales que sintetizaría de la siguiente manera si fuera a hacer de este gran libro un manual o guía para la vida cotidiana:
• Libera la acción política de toda paranoia unitarista y totalizante.
• Desarrolla la acción, el pensamiento y los deseos por proliferación, yuxtaposición y disyunción, y no por subdivisión y jerarquización piramidal.
• Deja de creer en las viejas categorías de lo Negativo (ley, límite, castración, falta, carencia), que el pensamiento occidental sacralizó durante tanto tiempo como una forma del poder y un acceso a la realidad. Prefiere lo que es positivo y múltiple, diferencia en vez de uniformidad, flujos en vez de unidades, arreglos móviles en vez de sistemas. Cree que lo que es productivo no es sedentario sino nómade.
• No pienses que uno tiene que estar triste para ser militante, incluso si aquello contra lo que uno está luchando es abominable. Es la conexión del deseo con la realidad (y no su retirada hacia formas de representación) lo que posee fuerza revolucionaria.
• No utilices el pensamiento para fundamentar una práctica política en La Verdad; ni utilices la acción política para desacreditar, como mera especulación, una línea de pensamiento. Utiliza la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como multiplicador de las formas y dominios para la intervención de la acción política.
• No le demandes a la política que restituya los “derechos” del individuo, tal como los ha definido la filosofía. El individuo es producto del poder. Lo que hace falta es “des-individualizar” por medio de la multiplicación y el desplazamiento, combinaciones diversas. El grupo no debe ser un lazo orgánico que una individuos jerarquizados, sino un constante generador de des-individualización.
• No te enamores del poder.
Incluso podría decirse que a Deleuze y Guattari les importa tan poco el poder que trataron de neutralizar los efectos de poder ligados a su propio discurso. De ahí los juegos y trampas desparramados a lo largo del libro, que hacen de su traducción una verdadera proeza. Pero no son las trampas tan familiares de la retórica: ésta se dedica a influenciar al lector sin que él sea consciente de la manipulación, y en última instancia a persuadirlo en contra de su voluntad. Las trampas del El Anti-Edipo son las del humor: tantas invitaciones para que uno se fastidie, para que deje el texto a un lado y se vaya dando un portazo. A menudo el libro lo lleva a uno a creer que todo es diversión y juegos, mientras algo esencial está ocurriendo, algo de extrema seriedad: la localización de todas las formas de fascismo, desde las más enormes que nos rodean y nos aplastan hasta las más diminutas que constituyen la tiránica amargura de nuestras vidas diarias.
Notas:
* Extraído de Anti-Œdipus. Capitalism and Schizophrenia, traducción del francés al inglés realizada por Robert Hurley, Mark Seem y Helen R. Lane, Minneapolis, University of Minessota Press, 1983, pp. 11-4. Este prefacio fue escrito por Foucault directamente en inglés.
** Sacerdote del s. xvii y obispo de Ginebra, conocido por su Introducción a la Vida Devota.
Apología del ocio.
Tú has trabajado veinte años para reunir veinte millones de pesos, pero nosotros daríamos veinte millones de pesos para no trabajar como tú has trabajado. Ernesto Cardenal.
Al principio de los tiempos, el ocio era lo esencial y no existía nada contrario a él. Según su etimología, el ocio significa "actividades del tiempo libre". Sin embargo, este tiempo libre está subordinado al "tiempo ocupado".
Como decía, el ocio, para los antiguos griegos, era la norma. Si alguien se dedicaba a otra actividad, especialmente con fines comerciales, entonces éste se dedicaba al "negocio", es decir, la "negación del ocio".
En tiempos tan pragmáticos como los de ahora, el ocio es considerado como superfluo, tiempo de desperdicio y sin ninguna razón de ser. Si mucho, el ocio podría ser productivo si éste se dedica al arte, pero éste se valora si con él se gana algún dinero; es decir, es el "neg-ocio" del arte.
Esto no implica que el tiempo libre y el ocio deban desperdiciarse en actividades malsanas o destructivas. Implica que el ocio puede y debe utilizarse para realizar acciones comercialmente improductivas, pero valiosas para la formación integral de la persona.
Valorar el tiempo libre, es valorarse a sí mismo, como persona. Utilizarlo para desarrollar actividades espirituales (no necesariamente religiosas, sino que fomenten nuestro espíritu) es una obligación.
Una vida dedicada completamente al negocio, no es vida. Una vida dedicada a la especialización a través del trabajo, no es vida. Es necesario el ocio para realizar actividades ajenas al negocio.
El ocio tiene un carácter lúdico, de satisfacción, tan contrario a los valores que el mundo impone, sobre todo el mundo de los negocios.
Para continuar con las etimologías de las palabras, hay que agregar dos, con sus definiciones, importantísimas para el ocio: recrearse y distraerse.
La primera, "recrearse", como se puede inferir, significa volverse a crear, ser nuevos otra vez. La segunda, "distraerse", significa quitarse la "máscara cotidiana" y buscar otra, para jugar a ser personas más íntegras.
Foto: Una estatua dedicada al descanso, de Rodin, en su museo en París. Nótese la postura de buscar un apoyo para descansar. En el fondo, un visitante del museo haciendo efectivo el mensaje.
Fuente
Entrevista a Castoriadis.
—Usted suele decir que este tiempo se caracteriza por el triunfo del imaginario capitalista. ¿Cuáles son sus caracteristicas y sus consecuencias?
—Asistimos a la dominación integral del imaginario capitalista, que consiste en la centralidad de lo económico, la expansión indefinida y pretendidamente racional de la producción, del consumo y del ocio, que cada vez es más planificado y manipulado. Los rasgos del imaginario capitalista son bastante difíciles de precisar y tanto Marx como Weber vislumbraron algunos de ellos pero ni uno ni el otro (precisamente porque ambos eran racionalistas) pudieron calificarlo de "imaginario capitalista''. Marx hablaba de la expansión de las fuerzas productivas. Hay una frase muy bella en El Capital: "Acumular, acumular, esa es la ley y el profeta". Pero como Marx no tuvo en cuenta el deseo de los hombres no vio que había una segunda parte para su proverbio. Que no era solamente "acumular, acumular", sino también "consumir, consumir". La ley es "acumular", pero el profeta se llama ''consumir". Y esto ni él ni Weber lo vieron. El tercer imperativo del capitalismo es "racionalizar, racionalizar": la producción, la educación, todo. Y hay un cuarto imperalivo que es ''dominar, dominar": todo puede ser dominado, la naturaleza, la sociedad, hasta la muerte.
Un pedacito de Urania.
Eres
simplemente una cámara oscura cuyo diafragma se abre a la negrura de la noche.
Tu cámara es un fragmento de lava lanzado al espacio, y ese fragmento de lava
es llevado en un círculo alrededor de una estrella cuya potencia es tal que
ningún cuerpo en su vecindad puede escapar a su atracción. La estrella misma
huye en el vacío a una velocidad incalculable, hacia un destino que no
conoceremos jamás, forma parte de un lago de otros soles que conforma la
galaxia, que se aleja de los otros lagos, de las otras Vías Lácteas, cada una
hacia un punto del espacio a una velocidad incalculable, y cada uno de esos
soles, cada una de esas Vías Lácteas están tan lejos que aun si los miráramos
durante mil años nos parecerían inmóviles. Imagina todo eso. Mira el cielo. Los
lagos de estrellas, los soles, las nebulosas, los cúmulos, las nubes, los
racimos de escarcha adheridos a los cometas. Piensa en el cortejo de los astros
y de sus satélites, Júpiter, Saturno, Marte, Venus, Mercurio. Piensa que todo
lo que acabo de decirte pasa por ese orificio minúsculo de tu pupila, un rayo
tan fino como uno de tus cabellos, que entra en la cúpula de tu cráneo, en la
casa de tu cuerpo, en el tiempo de tu vida tan breve, de tu tiempo que no dura
más que la cigarra que escuchas en el mismo instante, colgada de la rama del
algodonero, que adivina el mundo con un solo grito.
Imagina que esta noche es la más larga de tu vida. Déjate arrastrar a otro mundo, adivínalo a la manera de la cigarra, por los poros de tu piel, no solamente con las cámaras oscuras de tus ojos, sino con todo tu cuerpo. Respíralo, bébelo. Si crees saber algo, olvídalo.
Imagina que esta noche es la más larga de tu vida. Déjate arrastrar a otro mundo, adivínalo a la manera de la cigarra, por los poros de tu piel, no solamente con las cámaras oscuras de tus ojos, sino con todo tu cuerpo. Respíralo, bébelo. Si crees saber algo, olvídalo.
Jean-Marie Gustave Le Clézio
Algo de Baruch Spinoza.
Para el
filósofo holandés, la excelencia del alma no puede ser otra cosa que la
excelencia del cuerpo. Pero esta visión, sin carecer de sentido, es de alcance
limitado.
Alma y cuerpo están relacionados, indudablemente, mas no directamente. La asociación entre ambos se podría expresar, según Spinoza por: cuerpo-alma. Existen también relaciones, igual de
intangibles, de sentido inverso. El alma también interviene, y se muestra, en
el devenir del cuerpo. El cuerpo es el reflejo del alma, de la misma manera que
el alma refleja las acciones del cuerpo.
Volviendo sobre el enunciado de Spinoza, el cuerpo y el alma
actúan de una forma paralela e interactiva. El cuerpo no es un concepto rígido,
sino que cambia a lo largo de su vida fisiológica. Lo mismo que el alma a lo
largo de su vida espiritual. La alegría del alma dota de mayor libertad al
cuerpo. De igual forma, La tristeza del alma restringe la libertad del cuerpo,
sometiéndolo a las servidumbres humanas. Las relaciones entre alma y cuerpo no
se ciñen a parejas de sus atributos, sino que múltiples atributos del cuerpo se
relacionan múltiplemente con los atributos del alma, y viceversa.
El consumo de un veneno puede provocar una
decadencia fisiológica, mas provocar un enaltecimiento del alma. De la misma
forma, el consumo de un alimento provoca un aumento de la energía del cuerpo
que puede afectar negativamente al alma. El cuerpo no se nutre únicamente de
materias física, sino también espirituales. Por lo que el crecimiento de la
persona, de su conjunción de alma y cuerpo, no va a depender exclusivamente del
dictado de los afectos de su cuerpo.
Spinoza representa alma y cuerpo como dos puntos de vista de un mismo ser, desde ópticas diferentes. El bien para el ser no va a consistir únicamente en la evaluación de la parte consciente del mismo, sino que interiormente también se disparan ciertas causalidades que modifican sus atributos. Que el cuerpo, por físico, sea más fácil de mesurar no lo convierte en la única métrica de que dispongamos para guiarnos hacia la felicidad. Hay otras, más difíciles de obtener, más espirituales, que son precisas de controlar de la misma manera para que se pueda hablar de una libertad completa.
No se puede expresar un ser como únicamente el conjunto de sus cuerpos materiales. Es, sin lugar a dudas, lo más sencillo y económico. Si se dispone de recursos para también conocer el alma, se debe acometer la tarea. Y estos recursos existen desde que un cuerpo humano se concibe.
Desde que nace, un hombre crece y se desarrolla en un entorno cultural. Es algo que no es común a todos los seres. Los insectos no llegan a conocer a sus padres, por lo que no tienen esta facilidad, ni necesidad, de recibir alimento espiritual inicialmente. Pero en todas las culturas humanas, se educa a los hijos dentro del entorno familiar en el que crecen. Se puede hablar de excepciones, o de casos en los que otros seres, como el Estado u otras organizaciones, tutelan su crecimiento. Pero no son la norma, y suelen seguir el esquema de la custodia familiar como referente.
La implícita confianza familiar es un primer alimento espiritual en los seres humanos que vienen al mundo. Educa dentro de un contexto y una cultura, moldea el alma de la persona de manera totalmente independiente al cuerpo. Es algo completamente diferente a un entrenamiento. No se premia lo bueno y se castiga lo malo, de manera absoluta, sino siempre teniendo presente un contexto.
Cuando se entrena a un tirador, se le instruye en el manejo del arma, sus partes, su limpieza, su mantenimiento y, en fases posteriores, sobre la balística del proyectil y la dinámica de la puntería. Se le premia conforme alcanza objetivos bien definidos y se le castiga a medida que se aleja de ellos. Entrenar a un tirador es idéntico a entrenar a una máquina. Sin embargo, también se le educa para que a la llegada al frente, ante el triste espectáculo de la guerra, no se ponga a correr en dirección contraria, y mantenga una mínima disciplina. Ahí tenemos el aspecto educativo dentro de la cultura castrense. Aquí ya no hay objetivos bien definidos, sino nociones vagas, ideales, que han de suprimir su instinto de supervivencia individual y supeditarlo a la supervivencia grupal. Un tirador, aislado, sirve de poco. Una unidad de tiradores que funciona como un hombre y puede ser manejada por un hombre se puede controlar dentro de una estructura más amplia, el Estado, y hacerle útil de cara a unos objetivos políticos más amplios.
Un alma, pues, no se circunscribe a un cuerpo necesariamente. Es algo paralelo, con lo que interactúa, pero con lo que no está en relación directa. Mientras un alma se puede atomizar en infinitos atributos, inabarcables, un cuerpo dispondrá siempre de un número finito de atributos. De ahí que el sefardí reconozca que un cuerpo no puede llegar a conocer conscientemente el alcance del alma al que está relacionada. Para la expresión de este conocimiento inalcanzable el ser humano dispone de múltiples lenguajes, no necesariamente textuales. Y no deben se obviados. Por ello, la limitación en la divisibilidad de la materia, recientemente descubierta por la Física moderna, no supone la limitación de los atributos del alma, sino la limitación del conocimiento consciente, libre del contexto, que se puede mostrar. Que podemos expresarnos contextualmente, sin consciencia del mensaje, no es síntoma de debilidad. Es una barrera que nos protege del cegador resplandor del Infinito.
Spinoza representa alma y cuerpo como dos puntos de vista de un mismo ser, desde ópticas diferentes. El bien para el ser no va a consistir únicamente en la evaluación de la parte consciente del mismo, sino que interiormente también se disparan ciertas causalidades que modifican sus atributos. Que el cuerpo, por físico, sea más fácil de mesurar no lo convierte en la única métrica de que dispongamos para guiarnos hacia la felicidad. Hay otras, más difíciles de obtener, más espirituales, que son precisas de controlar de la misma manera para que se pueda hablar de una libertad completa.
No se puede expresar un ser como únicamente el conjunto de sus cuerpos materiales. Es, sin lugar a dudas, lo más sencillo y económico. Si se dispone de recursos para también conocer el alma, se debe acometer la tarea. Y estos recursos existen desde que un cuerpo humano se concibe.
Desde que nace, un hombre crece y se desarrolla en un entorno cultural. Es algo que no es común a todos los seres. Los insectos no llegan a conocer a sus padres, por lo que no tienen esta facilidad, ni necesidad, de recibir alimento espiritual inicialmente. Pero en todas las culturas humanas, se educa a los hijos dentro del entorno familiar en el que crecen. Se puede hablar de excepciones, o de casos en los que otros seres, como el Estado u otras organizaciones, tutelan su crecimiento. Pero no son la norma, y suelen seguir el esquema de la custodia familiar como referente.
La implícita confianza familiar es un primer alimento espiritual en los seres humanos que vienen al mundo. Educa dentro de un contexto y una cultura, moldea el alma de la persona de manera totalmente independiente al cuerpo. Es algo completamente diferente a un entrenamiento. No se premia lo bueno y se castiga lo malo, de manera absoluta, sino siempre teniendo presente un contexto.
Cuando se entrena a un tirador, se le instruye en el manejo del arma, sus partes, su limpieza, su mantenimiento y, en fases posteriores, sobre la balística del proyectil y la dinámica de la puntería. Se le premia conforme alcanza objetivos bien definidos y se le castiga a medida que se aleja de ellos. Entrenar a un tirador es idéntico a entrenar a una máquina. Sin embargo, también se le educa para que a la llegada al frente, ante el triste espectáculo de la guerra, no se ponga a correr en dirección contraria, y mantenga una mínima disciplina. Ahí tenemos el aspecto educativo dentro de la cultura castrense. Aquí ya no hay objetivos bien definidos, sino nociones vagas, ideales, que han de suprimir su instinto de supervivencia individual y supeditarlo a la supervivencia grupal. Un tirador, aislado, sirve de poco. Una unidad de tiradores que funciona como un hombre y puede ser manejada por un hombre se puede controlar dentro de una estructura más amplia, el Estado, y hacerle útil de cara a unos objetivos políticos más amplios.
Un alma, pues, no se circunscribe a un cuerpo necesariamente. Es algo paralelo, con lo que interactúa, pero con lo que no está en relación directa. Mientras un alma se puede atomizar en infinitos atributos, inabarcables, un cuerpo dispondrá siempre de un número finito de atributos. De ahí que el sefardí reconozca que un cuerpo no puede llegar a conocer conscientemente el alcance del alma al que está relacionada. Para la expresión de este conocimiento inalcanzable el ser humano dispone de múltiples lenguajes, no necesariamente textuales. Y no deben se obviados. Por ello, la limitación en la divisibilidad de la materia, recientemente descubierta por la Física moderna, no supone la limitación de los atributos del alma, sino la limitación del conocimiento consciente, libre del contexto, que se puede mostrar. Que podemos expresarnos contextualmente, sin consciencia del mensaje, no es síntoma de debilidad. Es una barrera que nos protege del cegador resplandor del Infinito.
Las habladurías del mundo.
Seamos capces de generar nuestras propias ideas, no importa quien lo dijo sino que dijo y que podemos hacer con eso que escuchamos, leimos o vimos.
La pedantería nata, irritable principalmente cuando se pone en duda la capacidad intelectual, no quiere que nuestra primera afirmación resulte falsa, y la del adversario, verdadera. En realidad, así puestas las cosas, cada persona sólo debería preocuparse en raciocinar correctamente: para ello primero debería razonar, y después hablar. Pero, en la mayoría de las personas, al natural ergotismo se suma la verborrea y deshonestidad. Hablan, sin antes haber pensado, y cuando después se percatan de su equivocación, debe aparentarque fuera lo contrario. El interés en la verdad, la que casi siempre motivó al principio al que hizo la afirmación, cede ante el interés del ergotismo: lo verdadero debe parecer falso, y lo falso, verdadero.
La Producción Modernista
Luis Alberto Spinetta responde ante una pregunta del periodista Marchi:
"…Ya desde hace muchos años el abuso del poder, como en el caso de la época de los gobiernos de facto, se dedicó a maltratar al pueblo por sobre todas las cosas; bombardearle la ciudad, o hacerle la maldad que sea, para defender a Cristo o lo que fuere. Eso hizo que apareciera gente de mala calaña. Que cuando tuvo poder para hacer hospitales y escuelas, hizo shoppings… Entonces, la gente se alimentó mal, la cagaron a palos, la torturaron y encima le dieron de comer caca. ¿Qué querés que surja?"
La luz de todos los colores.( J.L.)
Nosotros no vemos ninguno de los colores en su verdadera pureza, sino que todos están mezclados, mezclados con otro color, están mezclados con rayos de luz o con sombra. Por tanto las cosas tienen un aspecto distinto según se vean a la sombra o a la luz del sol, con una iluminación intensa o suave, así cuando la luz cae sobre otro color, al mezclarse con él proyecta a su vez una mezcla distinta de color.
El que no copia no inventa
"Nada es original. Roba de cualquier sitio que te inspire o que alimente tu imaginación. Devora películas antiguas y modernas, música, libros, cuadros, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de la calle, árboles, nubes, cuerpos de agua, luces y sombras. Roba sólo cosas que le hablen directamente a tu alma. Si haces eso, tu trabajo (y tus robos) serán auténticos. La autenticidad es muy valiosa, la originalidad no existe. Y no te molestes en disimular tus robos, si te apetece, celébralos. En cualquier caso, recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: “Lo importante no es de dónde sacas las cosas, es a dónde las llevas”.
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